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Tiempo (IV)


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Sin opus.

Quiero empezar con una sonrisa amarga. Quiero pensar que esta sonrisa nace del oxímoron, eso que siempre he catalogado como el sentido, o dirección de mi vida.
Anteriormente, me he quejado de tener tiempo, de no saber qué hacer con él, ya sea en desgastarlo en una, en la otra, en todas y ahora en ella.

Ella, que logró que el tiempo se detuviera.
Ella, que dejó el reloj en una gavetilla; y ahora repiquetea infinitamente a grandes velocidades.

Yo no quería tener más tiempo. Yo quería amordazarme, hacer lo imposible para detener el tic-tac que golpeaba mi cabeza. Lo que sea, para sentir que la vida no se acortaba, y que el tiempo en realidad sí se podía detener. Pero no.

Tengo rabia conmigo y con el tiempo, porque vi la gavetilla y escuché el repiqueteo, más fuerte que nunca y con voces alarmantes, apocalípticas, diciéndome que huya, desaparezca, desvanezca, muera y que el mundo se encargue de hacerme volver a nacer en lo más recóndito del universo.

Tengo rabia conmigo y con el tiempo, porque ahora escucho que he perdido todo, y que el tiempo no se detiene; todo era una ilusión y el repiqueteo seguía cincelándome, solo que tenía un alma que me ensordecía y me hacía olvidar; y hablo en tiempo pasado, porque ese reloj en esa gavetilla ya tiene telarañas, y hoy sólo pude verlo. 

Recuerdo mis tiempos pasados, cuando decía que estaba dispuesta a dejar todo de mí a las remembranzas de las demás, si es caso que se lleven pedazos de mi, con tal de desprenderlas de mi vida. Siempre he buscado salidas mentecatas para despojar mis problemas y dejarlas en el olvido, y hoy me pesa como nunca antes me ha pesado.

El tiempo me enseñó a identificar los dejavú. Ahora bien, no siento un dejavú; siento un capítulo nuevo que se escribe sin letras, pero con remolinos garabateados como las manecillas del reloj, todo como burla, como un juego que quise liderar y nunca tuve oportunidad, y todo por dejarle mi reloj a una incauta dueña de mis amores. Nunca más.

Quisiera tener más tiempo.
O en realidad no.
Quisiera no tener más nada.
Quisiera que dejaran de llevarse pedazos de mí.

Quise empezar con una sonrisa amarga. Ésta se desdibujó al terminar la frase. Ahora todo es borroso, y solo se escucha el repiqueteo, mis letras, la armonía de fondo, las gotas que caen, el vino que viaja a mis adentros y mis lamentos.

De verdad, yo no quería dedicarle más lágrimas al tiempo. Aquí estoy.

Tiempo (III)


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Si tuviera más tiempo, podría seguir perdiéndolo más y más, retenerme en estaciones innecesarias, excusarme con la belleza de la naturaleza para no caminar y seguir adelante, culpar a mis dolores físicos, culpar al aire, a la vida, culpar a lo que sea, para no levantarme de este letargo. El tiempo se me desgastó en ti, en ella, en la otra que ya no existe y en mi maravillosa actuación de estupidez en todo su esplendor.

¿Tiempo de qué?

Nunca respondí esta pregunta, solo me fui en ramificaciones como siempre suelo hacerlo. En realidad no sé para qué necesito tiempo, o sí, pero todo es con un fin autodestructivo y apaciguador. Un tiempo para respirar, pero he respirado, un tiempo para mojar mis rizos, pero ya están hidratados, un tiempo para matarme y revivir, pero ya mis vidas se están acabando, y si muero nuevamente, es un nuevo nacimiento, otra vida desgastada, otros errores sin cometer, y otros pecados sin qué disfrutar.

¿Tiempo para qué?

Para encapsularte, para encapsularlas y dejarlas allí. Quédense con mi vida si lo desean, pero no con mi tiempo, porque me di cuenta que me queda poco y aun tengo muchas cosas que realizar. Quédense con mi vida, y verán como dentro de poco, sufrirán con mi peso, fruncirán sus ceños, y maldecirán a las arrugas que les ocasionaré. Ojalá se den cuenta pronto y me dejen tirada por allí, que yo tendré el tiempo de recogerme, y llevarme sola, como siempre debió ser. Tiempo para mí, para amarrar mi cuerpo a mi alma con una cadena de acero inoxidable, y del largo necesario, por si ustedes pretenden algún día viajar con mi cuerpo.

Me pica estar sola, mi habitación es mi calvario, y mi almohada se saturó de energías y recuerdos vagos, ahogos, migrañas, lágrimas ácidas, golpes, gritos, rizos desgastados y una que otra alucinación. El tiempo se me acabó, y no puedo estar más agradecida con el universo, no puedo, no quiero tener tiempo, porque lo perdería, deshaciendo mi vida por hobbie, porque soy experta haciéndolo... "El comienzo de la vida se me viene encima, se me viene encima..." Y por fin te solté. 

¿Cuando te soltarás de mí?

Por fin entendí, que no necesito tiempo de más. 

¿Para qué? 

Exactamente, solo que no lo respondía como debía.

En fin.
En realidad, el tiempo no existe.
Tú tampoco.
Ella menos.
Yo, no sé.

Tiempo (II)


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Si tuviera más tiempo, podría escribir todo de una sola vez y no por partes, podría, incluso, no frenar mis dedos con lágrimas y miedo, podría hacer tantas cosas, por ejemplo: lo imposible. Ahora, no sé si el tiempo es para mi o para el mundo 

¿Para qué?

Ojalá pudiera controlar el tiempo y así no pedir más -tiempo- para estupideces.

¿Tiempo de qué? 

De perderlo, de jugar con él, de cantarlo, llorarlo y si es preciso, de matarlo porque sí, porque no, por miedo a usarlo de manera correcta. 

¿Tiempo de qué? 

Descender a lo más profundo de mi, arreglar el desorden, sacar la basura, organizar meticulosamente, cansarme, no querer hacerlo... volver a empezar. Mucho tiempo y aún todo revuelto, todo sucio y nada de mí. Nunca, ni en mil años

¿Tiempo para qué? 

Para adornar dolores con letras bonitas, confundir a las personas y hacerles creer que estoy bien, para revivir mis rizos que mueren súbitamente cada noche, para mirarme al espejo... y sonreír ante la ironía porque aún no empieza la tortura. 
¿Tiempo para qué? 

Para enamorarme de los soles que se asoman, de las tormentas, de los pájaros y recordar lo hermosa que es la vida, para volver a casa y... se me acabó el amor, se fue, así no más, hasta el nuevo amanecer. En fin.

¿Tiempo para qué? 

Para seguir mintiéndome a mí misma como una transeúnte cualquiera, sonriente, viva, con el sol detrás de mí y morir dentro. Así, con las fuerzas sobrehumanas, las que aún no me alcanzan para sobrevivir el día a día de estas últimas épocas.