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Unvollendete


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Aspiro una calada de toxicidad.
Opus 46.


Jugar a la guerra emocional.

Creo que ese fue el sentido universal que le di a mi vida. El constante tambaleo, la subida de escalones con un pequeño martillo para golpear lo que he construido, sólo por seguir al pie de la letra el dichoso juego que yo misma inventé. Al parecer, encuentro más placentero hacer las cosas solas, incluso destruirme.
Supongo que es imposible salir del abismo , sin propiciarme un daño que recuerde el por qué estuve en él, y que podría volver en cualquier momento. Absolutamente todo, ha dependido de mi obsesión por la melancolía.
Me resultaba placentero tamborilear las llagas de antaño, despertar a golpes a mis demonios, para que jueguen conmigo y me acaben como solo ellos pueden hacerlo, mientras perfecciono el arte de mantener el rostro inexpresivo. ¿Eso me haría indestructible? No habría nada más que destruir.

Y me cansé, nuevamente.

Me cansé de pagar cuotas a un ente invisible, que se alimenta de mis dolencias, y se emborracha con mis melancolías. Melancolías densas y fétidas. No más, porque ya me aburrí de deber, de faltar, de merecer, de recordar, de tener que retomar el mismo ciclo, los mismos días, las mismas épocas.

Te llamo inconclusa porque las décadas pasan y sigues allí, mientras yo intento buscar la manera de acabarte, de acabarnos.

Nos vemos, en nuestra conclusión.

No importa.


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Naqoyqatsi, me dijiste que era una guerra,
pero no juegues con el amor, no juegues así.
Opus 45.

¿Esto es una guerra?

Qué guerra más sucia, porque involucras al amor, en todo su esplendor y pasajes raros, bromas íntimas, cánticos baratos pero afinados, burlas bobas y muchos besos de por medio. Mereces un emblema al mejor de los jugadores del destino, pues de un día a otro, me tomas de la miserable vida, y me elevas al nirvana más extremo, la dopamina natural, la que recorre todos mis días apenas siento como un beso, y un aroma a café me despierta cada mañana. Una guerra sucia, llena de amor. Ya lo sabes, es mi campo más débil. 

Pero quiero jugar tu juego.

Quiero jugar a que no te creo, y que todo es irreal, jugaré a que todo puede morir el día de mañana, para que me des oportunidad de amarla cada vez más, de odiarla cuando hace algo que me enoja, y de extrañarla cuando se va de mi lado unas precarias horas, sólo porque quiero que jures que estoy inmersa en el mundo lleno de mentiras que has creado solo para mí. Puedo vivir en una mentira, y morir en esa mentira, siempre y cuando esté presente por el resto de mi vida. Y las que siguen. 

Y lo sabes.

Sabes que por el amor muero y renazco, se multiplican vidas, sé a que juegas, amas que esté presente, desafiándote con mi sonrisa burlona y rizos coquetos, amas cuando te devuelvo todos los golpes con cada desayuno que ella espera, con cada café que ávidamente se toma, con cada apretón de manos, besos, y momentos del amor que se sacian en el amanecer. Lo amas, y sé que has empezado a amarme, porque sabes mi manera de atropellar tu infinita sabiduría, y sabes que te he dado una lección.

Y no me importa.

No me importa que todo sea una mentira, y no me importa que sea fugaz, o que despierte un día cualquiera y amanezca en mi lastre cama individual abrazando una almohada, o que el sol me queme las pestañas anunciando la cruda verdad, si sé que en mi ser es real, la mentira jamás será descubierta por el mundo.

Ni por ti.
Ni por ella.
Y mucho menos por mí.

Amo la mentira que me propiciaste, y lucharé en contra ti, para mantener lo que has creado.

¿Quieres guerra? 
Te desafío, con el amor por delante, porque primera vez en mi vida, no le temo a nada. 


Puedo morir feliz, pero siempre a su lado.



Gracias Naqoyqatsi, por regalárme el año más feliz de mi vida,
un año lleno de música, de aprendizaje, del verdadero vivir, de la pasión y sobre todo,
un año, lleno de ella. 
De la delincuente que se ha robado mis más grandes "Te amo".

Advertencia


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El amor hace que mis palabras
pierdan credibilidad.
Opus. 01


Yo le advertí. Se los juro que lo hice. 

Le saqué mi pergamino de defectos, y se los leí cada uno, con detalles y una que otra exageración para que se asustara. Le conté de mi mala cabeza, de mi corazón que solo bombeaba para vivir, pero que no sentía.  Le supliqué de mil maneras que no lo hiciera, que no acercara sus manos sobre las mías, mientras la tocaba con curiosidad. Le rogué al universo que no creara esa burbuja, esa que al final nos encerró en un mundo musical. Le conté de mis miedos, le presenté a todos mis demonios en todo su esplendor. Todo en una noche. Una noche de café y de confabulaciones que el universo jamás había creado en algún episodio de mi vida.

Le advertí quién era yo y por qué debía estar afuera de mi espacio 'vital', le dije que robaba energías, que eliminaba las sonrisas del rostro, que estaba mal, que quería estar mal y que no quería salir de las cuatro paredes que me encerraban, la jaula que había decorado solo para mi y mis pequeños hijos, que solo yo puedo soportar a medias. Me desmaquillé los ojos, me quité la magia, apagué el carisma, amarré los rizos, ya no sabía que hacer para sacarla de mi vida en ese instante, porque estaba a punto de tomarla en mis brazos para no soltarla jamás.

Me obligó a pensar en más excusas que la alejen de mi, pero era imposible. Ella estaba allí, sonriente como siempre esperando yo no sé qué de mi que me sacaba de quicio y no me hacía descifrarla. No hablaba, solo me miraba, y sé que se reía por dentro porque sabía que me estaba desarmando yo sola. No tenía un arma para ella, y ella tenía un armamento animal para todas las puertas cerradas de mi mente. Casi logro evitar al amor, pero abrió la boca y no supe de mi jamás.

Sigo sin saber de mi. Y le tengo rabia en estos momentos a mis demonios, porque tanto que les rogué irse de mi vida, y ahora están compartiendo sus estupideces con ella, como tres pequeños cachorros que de vez en cuando buscan atención. Se burlaban de mi porque saben que mi lucha interna con las sensaciones pronto iba a acabar, siendo yo la fatal perdedora como es de costumbre. Y ya no hay más nada que hacer, volví a darle una oportunidad al cínico amor, como si nunca antes me hubiese hecho daño.

¿Saben qué hizo, a pesar de mis advertencias?

Me acarició los rizos, me abrazó, me dio un beso y no se fue.
Entonces, me enamoré.