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Nostalgias interminables.


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Hoy, me permito extrañarte. Solo porque te metiste en mis recuerdos, e hiciste desorden en la prioridad de mis pensamientos.
Mañana, ojalá seas un nombre más.

Todo tu recuerdo ensordecía sonoramente cada silencio de mi existencia, como si fuese esa cuota de nostalgia, que te atormentaba, pero que era necesaria para seguir viviendo, una estafa a mi vida y a mis sentimientos, el peor negocio de mi vida, por la desdicha de verte, dejarte pasar y recordarte, porque me resigné a saber que eres imposible, hasta para olvidarte.
Hoy, pagaré mi cuota de nostalgia sin reproches o tristezas abrumadoras, porque sabía que tenías que volver, porque sé que no es tan fácil, porque sabemos de la sincronía, y las letras que se escriben automáticamente. Las remembranzas de ti y de mis amores tardíos e inocentes se volvieron mi peor pesadilla, mi pesadilla anhelante, porque estos amores fueron vacíos, de infantes, de miradas y balbuceos. El tuyo no podrá haber sido el más inocente, o el más hermoso, pero fue, y es el que más recuerdo.

Si pudiera escribir un libro, seguramente escribiría sobre la historia de una demente, que viajaba por el mundo sólo por un par de ojos, una sonrisa y un corazón que alguna vez fueron de ella, para verlos, y luego dejarlos ir. Hasta la próxima hora introspectiva, o hasta que vuelvan las preguntas innombrables. Ojalá mis nostalgias te alimenten.

Tú y tus rarezas.
Yo y mis valentías intangibles.
Mañana, serás un nombre más.

Ojalá fuera tan fácil borrar su rostro.


"...Así me dejaré llevar
por las corrientes que me hagan navegar
y muchas nubes pasarán,
pero te volveré a encontrar."

Cuatro días.


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¿Cuantas veces nos han preguntado qué haríamos si nos quedaran cuatro días de vida?
Las respuestas cada vez me dan más asco.
El 90% de los humanos, harían  lo que escribiré a continuación. 

Me olvidaré de mi, de mi pudor, y me entregaré a lo más indecoroso, carnal y fétido, desgarraré mi cuerpo y lo repartiré a cualquier carroñero que ansíe probar de el, y no descansaré hasta saciar mi ávida necesidad de morirme con la sensación de haber ido a lo más recóndito del orgásmico pecado. Buscaré en los recovecos de mi mente toda perversión jamás realizada, y créanme, que las cometeré. Conseguiré a alguien que las haga igualmente, alguien que hasta las nubes de hoy, jamás pensé capaz de acompañarme en dicha lujuria decadente.
Tendré dismorfofobia, y lo disfrutaré hasta mi último respiro.
El morbo alimenta el alma.

Quizás robe bancos, atraque tiendas, me tiré de un tercer piso, borraría los márgenes del dolor, ya no vale de nada, igual en poco tiempo mi llama se extinguirá. Tendré el poder que siempre ansié tener en mis manos, seré maldita con todos, saldaré mis cuentas, humillaré a quién antes me humilló, me reiré de las catástrofes humanas, aliviaré mi ira interna con cualquier ser inocente, me burlaré de las autoridades, y tendré el valor de bajar mis pantalones y gritarles las palabras más soeces y sinceras... Y saldré corriendo, porque la cárcel no es un buen sitio, para terminar mis días.
Viviré como fugitiva.
La adrenalina alimenta el alma.

La satisfacción a ese punto de mi vida sería casi completa, marginé mi cuerpo, mis principios, mis moralidades absurdas, mi sentido de convivencia y dejé que el instinto animal y retorcido se apoderara de mis sentidos. Solo faltarían dos días de diversión y felicidad, o más bien uno, porque se que el último, lo reservaría para mis seres queridos. ¿Por qué no embriagarme? ¿Drogarme? Llenarme de químicos absurdos y volar a la estratosfera  sería un poco apurado de mi parte, pero la necesidad de sentir cómo volar no me dejaría tranquila, curiosamente, al saber que solo me quedan cuatro días de vida, todo se volvió necesidad, porque para morir, debería primero estar viva. ¿No es así?
Y volaría hasta perder el rastro de la humanidad.
El desasosiego alimenta el alma.

En cama, abatida, rodeada de los que amo, de los pocos que quedan, más bien del ser querido que pudo entender las necesidades de una persona que está a punto de morir, y el silencio espectral. Los minutos correrían como gotas de agua, y el miedo protagonizaría mi pequeña humanidad.
La felicidad no cuenta para los últimos cuatro días de vida, la felicidad vendría después, cuando ya pueda partir del mundo. Balbucearía algún te amo, y algún te extrañaré, y ¿por qué no? un hipócrita "no quiero morir, hagamos algo"
Ahí es donde me daría cuenta, que nada de lo que hice, alimentó mi alma.

¿Y si los cuatro días de vida era tan solo un juego?
¿Y si después de la hora indicada, seguiría viva por millones de años?
¿Qué carajos haré después de ver que desgasté mi cuerpo para una muerte vana? 
Yo también me doy asco por ser humano.

¿Por qué esperar a tener los días contados para empezar a vivir?

Los extremos, son aterradores.

¿Qué harías si te quedaran cuatro días de vida?


Naqoyqatsi


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Basada en la trilogía Qatsi
 Hasta siempre, Powaqatsi, puedes volver cuando lo desees,
 y aleja a tu hermano Koyaaniaqatsi de mi vida.


La vida hacia el occidente no es nada fácil, y más en estos vientos de otoño engañosos. En los últimos meses, los supuestos meses maravillosos de lluvias torrenciales y vientos que calman mi eterna ansiedad, han dado un vuelco en mi vida como un tornado cargado de pasado, temores y amargura, ha atacado sin piedad los pequeños cimientos que he construido, y ha vuelto en pedazos mis famosos y desdichados peldaños de los infortunios. Me encuentro en un pequeño pedazo de escalera que quedó estable por estar arraigada a los árboles que me acompañan, pero ya no tengo acceso a mi dulce hogar, y solo queda escalar hacia arriba, en los pedazos de peldaños que quedan. No sé cuantos me resistirán, pues el tornado cesó en mi cuerpo, más bien, lo absorbió con todo y sus escombros, y aquí estoy, con el ceño fruncido que había dejado hace tiempo atrás.

¿Qué se supone que hay que hacer ahora? 

El tornado reside en mi cuerpo, y está haciendo estragos en el mundo en que mi mente vivía junto a su caos habitual, pero ahora está siendo derrumbado rápidamente y para variar, siento que se va algo de mí, algo terrible y oscuro, pero característico en mí. La falta de conciencia.

Naqoyqatsi significa "Vida en guerra", y el miedo me invadió cuando caí en cuenta de que mis pies pisaban ese terreno tan desolado y de aparente calma. Supe, que la guerra comenzaba, y como siempre, no me sentía preparada para poner mi vida en un lugar donde no era seguro si sobreviviría. La metamorfosis de mi ser aún no termina, y los ratos de introspección no me alcanzan para nada, más que para castigarme silenciosamente de las estupideces que protagonizo. Los rizos se caen poco a poco y muchos pensarán que es imposible temer a un nuevo ciclo de la vida, pero cada cambio, a diferencia del resto de los humanos, representa una gran pérdida de humanidad, de identidad, y otras cosas que no vale la pena mencionar. He sido: Inexistente, invisible, diferenciable, comparable con el resto de la humanidad. He sido reconocida, y luego de ser reconocida he sido subestimada, criticada, señalada y lastimada.

¿Ahora?

Soy una más a regañadientes, víctima de la inestabilidad emocional de los que alguna vez, en otra vida me ultrajaron. La fuente energética sin fin de su morbo animal de tener algo aparentemente perfecto. Fui ferozmente exhumada del letargo de mi vida, y fui obligada a repartir faroles a los moribundos vecinos de anaquel que adornaban mi oscuridad impuesta. He dejado rastros de mis ojeras en cada adoquín de la plaza que frecuento, he dejado pedazos de mí en todas partes del mundo conocido como carnada, esperando que se queden allí con su sed y su hambre absurda, por un nuevo pedazo de mi humanidad; mientras tanto, me pierdo de nuevo y me escondo de todos, y espero a que la paz regrese a mi para poder seguir como si nada.

Esa paz no regresará.
Bienvenido, hijueputa.
Naqoyqatsi.

(Sun) – Café


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Una copa, dos copas, tres sonrisas y cuatro miradas. Cinco palabras, seis gestos, siete sonetos y ocho titubeos; nueve clientes salvajes de etiqueta y finalmente, diez pasos para partir.

Rizos curiosos, rizos amarrados, el plástico barato, destructor de la amenidad. Frutos secos compartidos, y flores ficticias por doquier. Café que invoca, paladar mojado.

Una ventana descolorida, susurros impertinentes, silencios incómodos y el sonido del capuccino que nace. El vapor denso tentativo al deseo.
Cafeína en el aire Sonrisas humeantes, miradas dulces y chocolate amargo. Una fría y ácida bebida... Y hasta luego

Realidades


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Aspiro una calada de toxicidad.

Me pregunto si la vida está enamorada de mí, pero de ese tóxico enamoramiento de los niños, donde te pegaban y maltrataban para disimular ese absurdo amor.

Quizás estoy invocando el opio, y sus felicidades alucinógenas.

Ahora pregunto si soy yo quien se tropieza y se arrastra humillante sobre los adoquines embadurnados de barro, si soy esa masoquista que se embriaga en infelicidades y se absorta en aventuras de mercado barato: un tomate podrido, un pedazo de vida a punto de acabar, y otras distopías favoritas. 

¿Soy yo quien anhela un castigo a voluntad? 
¿Es la vida la que me hace pensar que soy merecedora de ello?

La voluntad me pesa, no es una puta como gran parte del tiempo, es como si quisiera destruirme, como si pudiese existir la realidad del fénix.

¿Revivir entre las cenizas?
¿Volver a nacer?

Patrañas.
Es bueno irse, sola, y buscar la entera paz. Salir de los huecos, vencer los peldaños de infortunios, los amores que desperdician valiosas hojas en blanco, a acompañantes gatunos intermitentes. Nunca había sido tan difícil, porque aún sigo cayéndome en los mismos adoquines, y embadurnándome con el mismo barro nauseabundo: las maldiciones otorgadas.

Dejarme ir, caer al vacío de mi futuro, intoxicar mis rizos, toda mi existencia si es preciso y luego vivir plenamente como un demonio más, fétido, pero al menos feliz. De igual modo, es una cuota que vale la pena apostar.

¿No es cierto, vida?

Si así es tu demostración de afecto,
prepararé el funeral, para cuando me pidas matrimonio.



Autor.


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No hay necesidad de ser más tristes, si con despertar en el mismo sitio todos los días es más que suficiente. Los recuerdos, palabras mal labradas, los soliloquios fallidos y ahogados que se recitan en la habitación, hacen parte de la tristeza rutinaria de nosotros mismos, y de los amores de nuestras vidas. No hay que perder oportunidades, destilar las tristezas de nuestros amores a ellos mismos, que sufran con nosotros y quizás así nos entiendan.

Quisiera que tus manos ya no sudaran, y que se desaparezca el ceño fruncido de tu rostro, la preocupación conlleva más desdichas y es tan solo tu voz, y su voz la que podría apaciguar el universo tensionado. Es como despertarse de nuevo y esta vez, con la oportunidad de cambiar un mundo aparentemente deteriorado. No más soliloquios de otoño por hoy, ni oportunidades perdidas, ni procastinaciones aleatorias.

Tu voz, su voz, y las lágrimas, para hoy por la noche.
De igual modo, los rizos calman las asperezas, y también, es una armadura perfecta.



Víspera


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Estos deberían ser en serio los famosos "fin de año", donde se deben hacer los votos y proponerse metas y esas otras tradiciones que nuestros abuelos nos enseñaron.

Hoy es la víspera de mis 21 años. Lo sé, para muchos, soy otra culicagada más que hace una tragicomedia con todo esto de los dichosos cumpleaños, pero se muy bien que todos ustedes saben a lo que me refiero. Hoy es uno de esos días donde la introspección te ataca por la derecha, izquierda y por si no fuera suficiente, te da un golpe en la cara que aparentemente te hace reaccionar sobre cada movimiento que has hecho hasta el hijueputa sol incandescente de hoy.

Un año se va y solo me queda recolectar las experiencias vividas, los errores y las estupideces que nunca faltan en el día a día.
Hoy, esta madrugada, me escapé de mi casa unos minutos para pensar un poco y se me ocurrió escribir esto, pretendo hacer un simbolismo de cambios y otras esperanzas bobas a las que me aferraré para luego, ir perdiéndolas poco a poco. No es negativismo, es simple y pura realidad.

En fin... Es solo la víspera.

No es un post relevante, o algo parecido, es un miedo terrible a que, hoy a la noche, mis rizos se morirán y mañana nacerán nuevos y vírgenes rizos que procuraré intoxicarlos con el mundo que me rodea.

Feliz cumpleaños a mi y a mis miedos que van a cumplir 21 años de divagar en mi cabeza.

Se me olvidaba: Feliz Cumpleaños, Freddie Mercury.