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Expresión


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Habla.


Siempre he tenido un gran conflicto con la expresión, el poder esbozar y reunir las palabras correctas, abrir la boca, contar mi verdad y es irónico, porque suelo desgastarme el alma en las letras. 

Quizás algunos dicen que soy secretiva, o que soy un misterio; yo le llamaría más bien miedo al ser, y no por ser yo alguna insignificancia, o porque sea una idealista más en la caterva de perdedores, o quizás una romántica empedernida y anacrónica, o sea yo una ignorante más del mundo. Creo que el sonido vibra, y cuando resuena en mis afueras, todo se convierte en realidad. 

Las palabras que han salido de mis labios se materializan en muchas realidades, casi siempre dolorosas, ¿entonces para qué hablar? ¿Justo ahora?
He estado en silencio eones, escribiendo mis deseos en un retazo de papel que dejo por ahí a la deriva, como si alguien fuese a encontrarlo algún día. Quizás eso deseo, escribir siempre entre líneas y ver si alguien lo descifra, o escucha mi grito.

Siempre he tenido un gran conflicto con la expresión, el amor que cargo en mi cuerpo es el universo mismo, y aparentemente es demasiado. Quizás es verdad, y posiblemente ese sea mi karma; porque si hablo, rujo, gruño, grito y despedazo mi garganta, colapsaré. Por eso no hablo y tampoco grito.


Pero tengo más cansancio que miedo, 

y mi demasía no es tanta.

Ir a ello


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Opus. 1

Es una nueva sinfonía

 

Ir a ello.

Con una fuerza magnánima que emergió de mi cuerpo como un volcán después de haber estado inactivo por décadas, con una furia inquebrantable, con los miedos cesando, con mi ego de mi lado y mi espíritu guiando mi camino.

Ir a ello.

Después de que una luz resplandeciente aclaró mi camino, después de entender que no caminaba al abismo, sino que iba en círculos repitiendo historias, experiencias y sufrimientos.

Ir a ello.

Porque respiré por primera vez, porque mis ansiedades y disgustos desaparecieron, porque sentía que iba a explotar, porque las ganas aparecieron de repente.

Ir a ello.

Y sentir la dulzura de lo efímero, de abrazar recuerdos y soltarlos, y dejarme sentir los detalles, y sentir como una endemoniada, y apaciguar los dolores, y amar libremente.

Ir a ello.

Para abrir la boca, para romper el canal de las letras y empezar a gritar, para expresarme y dejar fluir a este universo condensado, para decir mi verdad.

Ir a ello 

Mientras abro los ojos y absorbo esta nueva realidad, mientras los caminos se abren y la luz resplandece, mientras que la intuición guíe.

Ir a ello,

Desde el espíritu.

Algo


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Sin Opus


 Hay algo que me detiene aquí.


He visto la reminiscencia de mi pasado y cómo se desdibuja con el tiempo, a contrario de otros momentos, donde llegué a pensar que el pasado sería eternamente mi presente. He visto cómo recuerdos se evaporan lentamente de mi ser y aunque, esto suene a la fantasía de muchos, también me han dejado dentro de una nada terrible, un vacío indescriptible, la expansión del universo condensado en una mente víctima de la mortalidad. 


Hay algo que me detiene aquí, en este instante.


Han quedado cosas apiladas, justo en el callejón donde guardaba todos los dolores que nunca dije en voz alta, y ha sido costoso deshacerme de ellas. Hay días en que pesan mil toneladas, me canso. Y en toda esta nada me encuentro sola, de pie, esperando mi próximo capítulo. 

Todas mis sensaciones han sido cíclicas y aunque únicas en sus características, es una misma historia que empieza desde diferentes partes, pero esta nada detuvo mi caminar ovalado y me dejó caer a una realidad que creí era solo la utopía que creé en mi mente. La única utopía dentro de las constantes distopías que creo diariamente para distraerme de lo que realidad anhelo.

Quizás es eso lo que me detiene. Abrir los ojos por primera vez, y amar mi nueva realidad. A fin de cuentas, atraemos lo que irradiamos y el universo se encargará de todo lo demás.

Entonces, empecé a moverme.


¿Y el tiempo?

Cronos ya no me importa.




 



29


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Sin opus.

 Caí a un abismo.

Y no voy a negar que al principio sentí que iba a morir.


Toda víspera es igual. La zozobra, el sinsabor, las expectativas que cada vez se hacen más mínimas. Cada año es más difícil y son más las preguntas que respuestas. La vida no es más que un ensayo y error, un juego de decisiones y consecuencias; o eso pensaba yo todos estos años. Sabía que estaba perdiendo tiempo, pero no el por qué. He ahí mi obsesión con el tiempo, con el hacer, con el no poder hacer, el no servir, el no aportar, el no encajar, si es porque vivo en el occidente, o si es porque amo desmesuradamente sin temor a ser lastimada. He pensado en todo, y he embriagado mi mente cuando me cansaba de resolver esto; resolver -me-

Caí a un abismo.

Sentí que iba a morir en los primeros segundos, luego esos segundos se hicieron horas, semanas, meses y seguía en caída.


He vivido dentro de expectativas de amor, desamor, ira, lujuria, filosofía, creatividad, espiritualidad y todas las cosas que nos denominan seres humanos. Perdón, pero aún no le encuentro el sentido a nada, y siento que, al pasar los años, menos sentido tendrá la vida. Tampoco entiendo nuestras misiones y nuestros castigos, así que decidí no entender nada más porque luego cerraré los ojos y cuando los abra, preparada para empezar a vivir, estaré frente al féretro… nuevamente. 

Y sigo cayendo.


Así que, universo.

Ya viví, ya amé.

Ya sufrí, ya me divertí.

Ya tuve control, luego lo perdí.

Ya crecí, y cada vez me hago más pequeña.

Ya abrí los ojos, y me veo infinita.

Ya me hablaste en canciones, te reíste en mi cara.

Ya me tienes en tus manos, soy tuya. 

Voy en picada.

Finalmente, caí a tu abismo.

Y cuando aterrice, ¿mis ojos estarán abiertos o cerrados?


Nos vemos, cuando tenga 30.

Dilema


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Mi dilema es un péndulo infinito, como mis rizos. 

El dilema de sentir y no, de abrir los ojos cuando sale el sol, cuando me ahoga y me arranca las sábanas, las únicas que me permiten profundizar en lo que no puedo esbozar. Todavía no sé si es por miedo o por coraje. 

El hecho es que el coraje me ha puesto en situaciones precarias, donde una de mis muchas muertes está asegurada. Sé que estoy divagando y buscando en lo más profundo de mi ser alguna coherencia, algo que se centre en las ramificaciones de mi mente. Una respuesta, una llamada, una señal de humo, algo que me grite, destruya mi cuerpo y me obligue a detenerme. 

Detener mi camino, detener esta cosa que palpita y quiere salir de este secuestro. Esto es así porque he dedicado mi vida a cavar mi propia tumba, donde he puesto los más íntimos deseos, los más puros anhelos y el egoísmo que me caracteriza, pero que me niego a admitir. 

Constantemente vacilo entre mis sentimientos y pensamientos, como si el sentimiento fuera una maldición y por eso estoy maldita, por emborracharme a puerta cerrada en todo esto que considero prohibido, mientras retoco la armadura acabada que llevo día tras día. Así que me despojo de mí misma ante la oscuridad, donde finalmente logro la comunión conmigo misma, con mis demonios. 

Y esperar, esperar el arrullo del viento, rogándole que me tome en su corriente, y con toda su furia, dejarme en la oscuridad, donde pertenezco, antes de que el sol me recuerde lo infeliz que soy cada vez que abro los ojos.

Sincantora


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Consideraciones intempestivas.
Sin  Opus.


Quisiera decir que salí de esta guerra victoriosa,
incólume, bendecida.

Más bien, parto desmembrada,
descerebrada y desesperanzada.

Sin calor ni amor,
sin tacto y sin aliento.

No encuentro disimilitud alguna,
al estar muerta o en este letargo desesperante.

¿Cómo mover las piernas y deambular?
Las perdí intentando alcanzarte como una anómala,
como una absurda, una borrica.

Te llevaste todo.
Hasta la fuerza para odiarte.

Tiempo (IV)


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Sin opus.

Quiero empezar con una sonrisa amarga. Quiero pensar que esta sonrisa nace del oxímoron, eso que siempre he catalogado como el sentido, o dirección de mi vida.
Anteriormente, me he quejado de tener tiempo, de no saber qué hacer con él, ya sea en desgastarlo en una, en la otra, en todas y ahora en ella.

Ella, que logró que el tiempo se detuviera.
Ella, que dejó el reloj en una gavetilla; y ahora repiquetea infinitamente a grandes velocidades.

Yo no quería tener más tiempo. Yo quería amordazarme, hacer lo imposible para detener el tic-tac que golpeaba mi cabeza. Lo que sea, para sentir que la vida no se acortaba, y que el tiempo en realidad sí se podía detener. Pero no.

Tengo rabia conmigo y con el tiempo, porque vi la gavetilla y escuché el repiqueteo, más fuerte que nunca y con voces alarmantes, apocalípticas, diciéndome que huya, desaparezca, desvanezca, muera y que el mundo se encargue de hacerme volver a nacer en lo más recóndito del universo.

Tengo rabia conmigo y con el tiempo, porque ahora escucho que he perdido todo, y que el tiempo no se detiene; todo era una ilusión y el repiqueteo seguía cincelándome, solo que tenía un alma que me ensordecía y me hacía olvidar; y hablo en tiempo pasado, porque ese reloj en esa gavetilla ya tiene telarañas, y hoy sólo pude verlo. 

Recuerdo mis tiempos pasados, cuando decía que estaba dispuesta a dejar todo de mí a las remembranzas de las demás, si es caso que se lleven pedazos de mi, con tal de desprenderlas de mi vida. Siempre he buscado salidas mentecatas para despojar mis problemas y dejarlas en el olvido, y hoy me pesa como nunca antes me ha pesado.

El tiempo me enseñó a identificar los dejavú. Ahora bien, no siento un dejavú; siento un capítulo nuevo que se escribe sin letras, pero con remolinos garabateados como las manecillas del reloj, todo como burla, como un juego que quise liderar y nunca tuve oportunidad, y todo por dejarle mi reloj a una incauta dueña de mis amores. Nunca más.

Quisiera tener más tiempo.
O en realidad no.
Quisiera no tener más nada.
Quisiera que dejaran de llevarse pedazos de mí.

Quise empezar con una sonrisa amarga. Ésta se desdibujó al terminar la frase. Ahora todo es borroso, y solo se escucha el repiqueteo, mis letras, la armonía de fondo, las gotas que caen, el vino que viaja a mis adentros y mis lamentos.

De verdad, yo no quería dedicarle más lágrimas al tiempo. Aquí estoy.