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Carta #2: Antes de que te vayas.


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Inspirado por el escrito Antes de partir, de Ella.



Mujer,

Ya han pasado varias noches desde que leí la secuencias de tus cartas. Probablemente ya te marchaste, y probablemente creas que no me importó tu partida, que no me importaron los años, ni tus sonrisas.

Debería, odiarte. ¿Sabes?

Odiarte porque te marchas con solo una pequeña nota sucia, porque me subestimas, porque crees que no escucho tus silencios, ¿tú escuchas el mío? Ese, es precisamente el punto. Escuché cada susurro, cada lamento, y cada petición que se desbordaba en tu diciente mirada, y quedaba petrificada, solo por el hecho, de que necesitabas marcharte. 

Te respondí mil veces.

¿Por qué dejarme? Sé que no soy clara cuando tengo fantasmas merodeando sobre mis pensamientos, pero jamás te di un indicio de no querer seguir pasando el resto de mis días con tu aburrida y maravillosa presencia. 

Miedo.

Era, eres, somos eso. Temía pedirte que te quedaras, porque por alguna razón, siempre pensé que me responderías con algo tan tajante, y tan certero, una razón adecuada para largarte de mi vida, que preferí quedarme en momentos inciertos, en hacerme la sordomuda, y dejar que se te pasara, pues tienes la costumbre de aburrirte de todo, hasta de mi.

Y no,

No quiero que te vayas, pero tampoco quiero que me pidas que te diga que te quedes, porque si más no recuerdo, en el principio de los tiempos, dediqué mis ojeras y mis sermones, para hacerte libre. El espacio está vacío, al lado de mi sillón, el anhelo está en esta carta, el miedo me jala por los tobillos, y mis labios se sellan porque bueno, no fueron capaces de "llamarte"

No me he ido, pero estoy muda.

De nadie, pero al fin y al cabo siempre a tu lado,

Su otra mujer. 


Carta #1: Carta de desamor


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Hace setecientas lágrimas que no he vuelto a saber de ti.

Ojalá pudiera decir que te tengo presente todos los días, en mi mente, en mi existencia, en mis hábitos diarios, pero no, precisamente ese es el problema. No estás presente. Y es que te extraño con las hipérboles más grandes, de las que te burlabas, de las que te reías. Te extraño, desde mis ojos, hasta la longitud de tu sonrisa. 

No me sirve extrañarte, no me sirve querer amarte, y mucho menos desgarrarme el alma mientras espero a que vuelvas, si esto hacía parte de mi día a día. Es como amarte y no amarte, extrañarte y no, es lo mismo de todos los días, pero sin ti.

¿Me permites extrañarte sin tener que amarte?
¿Puede simplemente no dolerme?

Duele saber que ya no estás, dueles peor cuando te amo; dueles la vida, cuando sé que amas a alguien más, pero me alivia que ya no existas. Afortunadamente, todo el amor que alguna vez tuvimos fue robado por mi recuerdo, así solo me costaría amarte en mis adentros, y no en mis afueras.
 
No vale la pena extrañarte, pues sé que ya no existes, al darle fin a este amor, moriste conmigo y nuestros demonios. No vale la pena extrañarte, porque todos los días, estás conmigo, así sea en cenizas o en almohadas húmedas, pero conmigo.

El letargo de mi vida masoquista fue mi propio verdugo, y me somete, escribiéndote esta carta, una y mil veces, con la misma tinta, hasta tener la valentía de entregarla, o esperar a ahogarme en mis propias letras.

Ojalá pudiera extrañarte, como se supone que debo extrañarte.

Ya no te extraño, desde mis ojos hasta la longitud de tu sonrisa, sino que te extraño, desde mi alma, hasta el vacío, porque tu sonrisa se volvió borrosa, con el pasar el tiempo.

Ya no te amo, 
pero no puedo vivir sin ti.

Hace setecientas y una lágrima que no he vuelto a saber de ti.

Recapitulación 2012


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Pam param pam pam, ¡en Barranquilla esperonoquedarmemuchotiempoperomientrastanto me quedo! *Suenan trompetas y tamboras y el difunto Joe con su voz estruendosa y particular* Ay, quería hacer este recuento del 2012 desde los primeros pinitos de diciembre, me temblaban los dedos, las ideas se escapaban de mi cabeza como el vapor de las ollas a presión, y poco fue lo que pude recolectar de ese tráfico absurdo de información y de desahogo. Generalmente, tengo etapas de los años, y logro clasificar cada momento en cada etapa meticulosamente desde mis recuerdos, pero he caído en cuenta de que no es necesario, o que perdí la chispa, o simplemente, que ya no me da la grandísima gana de hacerlo. ¿Para qué? esa pregunta me la hice mucho en el 2012, y espero, volverla parte de mi repertorio este 2013 que se estrena.

Este año que cerró sus puertas, que murió incendiado, que me mató calcinada me dio durísimo. Empecé con miedos e incertidumbres, un nudo en el estómago, pues no sabía nada, tenía el camino nublado, más que de costumbre, pero sentí tener el mundo a mis pies, sentí que podía alcanzar todo, pues porque tenía todo lo que necesitaba. Una familia, aunque hipócrita por sectores, unos amigos, o supuestos hermosos amigos por conveniencia y más importante, un amor perfecto, hermoso, y sublime, la envidia de todos, un sinónimo de orgullo y prepotencia, un amor puro, aunque lleno de zozobras. Tengo la estúpida teoría que fue inculcada por mi misma sobre los principios de año. Gracias a todos los acontecimientos que he vivido de aquí hace siete años, ha hecho que deteste, que le tema, que me vuelva un "tití" los primeros seis meses del año. No me gustan. Es fácil, me da calor, son constantes horas del vapor, son meses que jalo que se vayan, no me los soporto, porque siempre para las fechas desde Marzo, hasta Junio, son de dolor intensivo, y desde esos años de mi niñez, ninguno la ha "mondado". Es tan potente mi sugestión, que ha vuelto un agüero en algo casi verídico, entonces, me mamé de eso, y ese, junto con mis otros estúpidos esquemas mentales, deben irse, porque para mi desgracia, no puedo inducirme un coma por los primeros seis meses del año, y empezar a vivir a partir del primero de Julio. No me ramificaré en el porqué e iré al grano.

Perdí a mi amor, aunque supongo que no es noticia nueva, generalmente saben que no soy la mujer más afortunada en las cuestiones amorosas, creo que fue una lección del universo, una muy grande, que me iba a preparar para otro gran fiasco amoroso, pero con ese se pasó. Aprendí mucho de muchas cosas, de mujeres, de caos, de dramas, de estupideces, de mis estupideces más que todo. Aprendí mucho sobre la gente falsa, la gente pretenciosa, interesada, la gente esa fea que vaga por el mundo preparando sus sanguijuelosas y asquerosas manos para absorber la dicha ajena. Les agradezco por haber aparecido, o más bien, tropezado en mi vida, son lecciones hermosas que hay que valorar. Perdí a mucha gente, sobre todo amigos, los perdí por incomprensión, por señalamientos, por juzgamientos pendejos, por ambas partes, pero como no todo puede ser malo, recibí otras personas que jamás pensé que algún día iba a aprender a valorar.  Claro, la vida siempre te da la espalda, pero cuando necesitas recapacitar sobre lo que haces en la tierra.
¡Qué año duro!, por no decir que fue malo, mis ansiedades volvieron, mis vicios también, tuve un declive emocional abismal, tuve una descompensación terrible, tuve una ruptura que me marcó, y que aún me tiene marcada, pero con esperanzas de que termine de sanar, como todo, como debe ser.

Generalmente, odio estos años donde es más la introspección y la ansiedad lo que prima que otra cosa, pero este no, porque fue diferente, tiene tinta de por medio, tiene muchas cosas que rescatar, y muchas cosas que dejar atrás. Fue un año de errores, de aprendizaje, de borrón y cuenta nueva, de límites, de migrañas y demás. ¡Ah!, se me olvidó mencionar, que aprendí a descontrolarme un poco, a cometer errores y aceptarlos y lo más difícil... a dejar ir.

Finalizando este año, me di cuenta que si los mayas no cumplían su profecía, iba a tener que enfrentarme a muchos retos, por algo sentencié mi vida en la cúspide energética del estado de Naqoyqatsi, una guerra fría, (o quizás no tan así), que se aproxima, porque la batalla es solo contra mí, y con eso tengo más que suficiente. Tomé decisiones radicales, tomé unas tijeras, y me desprendí del cordón umbilical, ya se que no puedo resguardarme con mis protectores, y es hora de dejar mi caja de cristal a un lado, y no para no volver, sino para agrandarla, y convertirla en una casa de verdad. A eso me refiero con el principio de mi post, me voy, sola, por primera vez a buscar mis sueños. Fin.

Es imposible poder resumir este jodido año tan largo en un solo post, solo diré que fue intermitente. Esa fue una de las palabras más célebres de mi 2012, así que la usaré sólo por el amor al humor irónico que la vida me ha enseñado a golpes.

¡2013!

Esta será tu canción, y la cantaré melodiosamente cada vez que pueda, y cuando esté pasando por alguna desgracia, la cantaré aún más fuerte y sonoramente, porque la vida es un pedazo de ironía que jamás podremos entender. No espero nada de ti, más bien, espérame tú, y déjame pintarte a mi gusto. Tratémonos suavemente, y verás comos mis rizos se suavizan solos.





Siguiente estación, Barranquilla, la arenosa.

Tiempo (III)


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Si tuviera más tiempo, podría seguir perdiéndolo más y más, retenerme en estaciones innecesarias, excusarme con la belleza de la naturaleza para no caminar y seguir adelante, culpar a mis dolores físicos, culpar al aire, a la vida, culpar a lo que sea, para no levantarme de este letargo. El tiempo se me desgastó en ti, en ella, en la otra que ya no existe y en mi maravillosa actuación de estupidez en todo su esplendor.

¿Tiempo de qué?

Nunca respondí esta pregunta, solo me fui en ramificaciones como siempre suelo hacerlo. En realidad no sé para qué necesito tiempo, o sí, pero todo es con un fin autodestructivo y apaciguador. Un tiempo para respirar, pero he respirado, un tiempo para mojar mis rizos, pero ya están hidratados, un tiempo para matarme y revivir, pero ya mis vidas se están acabando, y si muero nuevamente, es un nuevo nacimiento, otra vida desgastada, otros errores sin cometer, y otros pecados sin qué disfrutar.

¿Tiempo para qué?

Para encapsularte, para encapsularlas y dejarlas allí. Quédense con mi vida si lo desean, pero no con mi tiempo, porque me di cuenta que me queda poco y aun tengo muchas cosas que realizar. Quédense con mi vida, y verán como dentro de poco, sufrirán con mi peso, fruncirán sus ceños, y maldecirán a las arrugas que les ocasionaré. Ojalá se den cuenta pronto y me dejen tirada por allí, que yo tendré el tiempo de recogerme, y llevarme sola, como siempre debió ser. Tiempo para mí, para amarrar mi cuerpo a mi alma con una cadena de acero inoxidable, y del largo necesario, por si ustedes pretenden algún día viajar con mi cuerpo.

Me pica estar sola, mi habitación es mi calvario, y mi almohada se saturó de energías y recuerdos vagos, ahogos, migrañas, lágrimas ácidas, golpes, gritos, rizos desgastados y una que otra alucinación. El tiempo se me acabó, y no puedo estar más agradecida con el universo, no puedo, no quiero tener tiempo, porque lo perdería, deshaciendo mi vida por hobbie, porque soy experta haciéndolo... "El comienzo de la vida se me viene encima, se me viene encima..." Y por fin te solté. 

¿Cuando te soltarás de mí?

Por fin entendí, que no necesito tiempo de más. 

¿Para qué? 

Exactamente, solo que no lo respondía como debía.

En fin.
En realidad, el tiempo no existe.
Tú tampoco.
Ella menos.
Yo, no sé.

Nostalgias interminables.


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Hoy, me permito extrañarte. Solo porque te metiste en mis recuerdos, e hiciste desorden en la prioridad de mis pensamientos.
Mañana, ojalá seas un nombre más.

Todo tu recuerdo ensordecía sonoramente cada silencio de mi existencia, como si fuese esa cuota de nostalgia, que te atormentaba, pero que era necesaria para seguir viviendo, una estafa a mi vida y a mis sentimientos, el peor negocio de mi vida, por la desdicha de verte, dejarte pasar y recordarte, porque me resigné a saber que eres imposible, hasta para olvidarte.
Hoy, pagaré mi cuota de nostalgia sin reproches o tristezas abrumadoras, porque sabía que tenías que volver, porque sé que no es tan fácil, porque sabemos de la sincronía, y las letras que se escriben automáticamente. Las remembranzas de ti y de mis amores tardíos e inocentes se volvieron mi peor pesadilla, mi pesadilla anhelante, porque estos amores fueron vacíos, de infantes, de miradas y balbuceos. El tuyo no podrá haber sido el más inocente, o el más hermoso, pero fue, y es el que más recuerdo.

Si pudiera escribir un libro, seguramente escribiría sobre la historia de una demente, que viajaba por el mundo sólo por un par de ojos, una sonrisa y un corazón que alguna vez fueron de ella, para verlos, y luego dejarlos ir. Hasta la próxima hora introspectiva, o hasta que vuelvan las preguntas innombrables. Ojalá mis nostalgias te alimenten.

Tú y tus rarezas.
Yo y mis valentías intangibles.
Mañana, serás un nombre más.

Ojalá fuera tan fácil borrar su rostro.


"...Así me dejaré llevar
por las corrientes que me hagan navegar
y muchas nubes pasarán,
pero te volveré a encontrar."

Cuatro días.


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¿Cuantas veces nos han preguntado qué haríamos si nos quedaran cuatro días de vida?
Las respuestas cada vez me dan más asco.
El 90% de los humanos, harían  lo que escribiré a continuación. 

Me olvidaré de mi, de mi pudor, y me entregaré a lo más indecoroso, carnal y fétido, desgarraré mi cuerpo y lo repartiré a cualquier carroñero que ansíe probar de el, y no descansaré hasta saciar mi ávida necesidad de morirme con la sensación de haber ido a lo más recóndito del orgásmico pecado. Buscaré en los recovecos de mi mente toda perversión jamás realizada, y créanme, que las cometeré. Conseguiré a alguien que las haga igualmente, alguien que hasta las nubes de hoy, jamás pensé capaz de acompañarme en dicha lujuria decadente.
Tendré dismorfofobia, y lo disfrutaré hasta mi último respiro.
El morbo alimenta el alma.

Quizás robe bancos, atraque tiendas, me tiré de un tercer piso, borraría los márgenes del dolor, ya no vale de nada, igual en poco tiempo mi llama se extinguirá. Tendré el poder que siempre ansié tener en mis manos, seré maldita con todos, saldaré mis cuentas, humillaré a quién antes me humilló, me reiré de las catástrofes humanas, aliviaré mi ira interna con cualquier ser inocente, me burlaré de las autoridades, y tendré el valor de bajar mis pantalones y gritarles las palabras más soeces y sinceras... Y saldré corriendo, porque la cárcel no es un buen sitio, para terminar mis días.
Viviré como fugitiva.
La adrenalina alimenta el alma.

La satisfacción a ese punto de mi vida sería casi completa, marginé mi cuerpo, mis principios, mis moralidades absurdas, mi sentido de convivencia y dejé que el instinto animal y retorcido se apoderara de mis sentidos. Solo faltarían dos días de diversión y felicidad, o más bien uno, porque se que el último, lo reservaría para mis seres queridos. ¿Por qué no embriagarme? ¿Drogarme? Llenarme de químicos absurdos y volar a la estratosfera  sería un poco apurado de mi parte, pero la necesidad de sentir cómo volar no me dejaría tranquila, curiosamente, al saber que solo me quedan cuatro días de vida, todo se volvió necesidad, porque para morir, debería primero estar viva. ¿No es así?
Y volaría hasta perder el rastro de la humanidad.
El desasosiego alimenta el alma.

En cama, abatida, rodeada de los que amo, de los pocos que quedan, más bien del ser querido que pudo entender las necesidades de una persona que está a punto de morir, y el silencio espectral. Los minutos correrían como gotas de agua, y el miedo protagonizaría mi pequeña humanidad.
La felicidad no cuenta para los últimos cuatro días de vida, la felicidad vendría después, cuando ya pueda partir del mundo. Balbucearía algún te amo, y algún te extrañaré, y ¿por qué no? un hipócrita "no quiero morir, hagamos algo"
Ahí es donde me daría cuenta, que nada de lo que hice, alimentó mi alma.

¿Y si los cuatro días de vida era tan solo un juego?
¿Y si después de la hora indicada, seguiría viva por millones de años?
¿Qué carajos haré después de ver que desgasté mi cuerpo para una muerte vana? 
Yo también me doy asco por ser humano.

¿Por qué esperar a tener los días contados para empezar a vivir?

Los extremos, son aterradores.

¿Qué harías si te quedaran cuatro días de vida?


Naqoyqatsi


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Basada en la trilogía Qatsi
 Hasta siempre, Powaqatsi, puedes volver cuando lo desees,
 y aleja a tu hermano Koyaaniaqatsi de mi vida.


La vida hacia el occidente no es nada fácil, y más en estos vientos de otoño engañosos. En los últimos meses, los supuestos meses maravillosos de lluvias torrenciales y vientos que calman mi eterna ansiedad, han dado un vuelco en mi vida como un tornado cargado de pasado, temores y amargura, ha atacado sin piedad los pequeños cimientos que he construido, y ha vuelto en pedazos mis famosos y desdichados peldaños de los infortunios. Me encuentro en un pequeño pedazo de escalera que quedó estable por estar arraigada a los árboles que me acompañan, pero ya no tengo acceso a mi dulce hogar, y solo queda escalar hacia arriba, en los pedazos de peldaños que quedan. No sé cuantos me resistirán, pues el tornado cesó en mi cuerpo, más bien, lo absorbió con todo y sus escombros, y aquí estoy, con el ceño fruncido que había dejado hace tiempo atrás.

¿Qué se supone que hay que hacer ahora? 

El tornado reside en mi cuerpo, y está haciendo estragos en el mundo en que mi mente vivía junto a su caos habitual, pero ahora está siendo derrumbado rápidamente y para variar, siento que se va algo de mí, algo terrible y oscuro, pero característico en mí. La falta de conciencia.

Naqoyqatsi significa "Vida en guerra", y el miedo me invadió cuando caí en cuenta de que mis pies pisaban ese terreno tan desolado y de aparente calma. Supe, que la guerra comenzaba, y como siempre, no me sentía preparada para poner mi vida en un lugar donde no era seguro si sobreviviría. La metamorfosis de mi ser aún no termina, y los ratos de introspección no me alcanzan para nada, más que para castigarme silenciosamente de las estupideces que protagonizo. Los rizos se caen poco a poco y muchos pensarán que es imposible temer a un nuevo ciclo de la vida, pero cada cambio, a diferencia del resto de los humanos, representa una gran pérdida de humanidad, de identidad, y otras cosas que no vale la pena mencionar. He sido: Inexistente, invisible, diferenciable, comparable con el resto de la humanidad. He sido reconocida, y luego de ser reconocida he sido subestimada, criticada, señalada y lastimada.

¿Ahora?

Soy una más a regañadientes, víctima de la inestabilidad emocional de los que alguna vez, en otra vida me ultrajaron. La fuente energética sin fin de su morbo animal de tener algo aparentemente perfecto. Fui ferozmente exhumada del letargo de mi vida, y fui obligada a repartir faroles a los moribundos vecinos de anaquel que adornaban mi oscuridad impuesta. He dejado rastros de mis ojeras en cada adoquín de la plaza que frecuento, he dejado pedazos de mí en todas partes del mundo conocido como carnada, esperando que se queden allí con su sed y su hambre absurda, por un nuevo pedazo de mi humanidad; mientras tanto, me pierdo de nuevo y me escondo de todos, y espero a que la paz regrese a mi para poder seguir como si nada.

Esa paz no regresará.
Bienvenido, hijueputa.
Naqoyqatsi.